Buenas prácticas para el análisis delictual en America Latina

 


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Todas las policías enfrentan un asombroso desafío cuando intentan abordar “la delincuencia” en conjunto, al igual como lo hace un sujeto cuando decide “ganar más dinero” o “volverse más exitoso en su carrera”. En cualquiera de los casos, el éxito depende de cómo pueda desglosar la meta más grande, de manera efectiva, en objetivos y tareas manejables; de hacer realidad una lista de quehaceres.

En la acción policial debemos asumir que es inevitable cierto nivel de delincuencia. Siempre habrá infractores que aprovechan la oportunidad de un computador portátil, una cartera o un aparato GPS, dejados en un auto sin pasajeros. Siempre habrá asaltos y homicidios cometidos en la euforia del momento, alimentados por la ira, los celos o la borrachera. Siempre habrá adolescentes que destrocen inmuebles o roben autos, buscando adrenalina. La clave para reducir la delincuencia no es centrarse en estos delitos no prevenibles, inevitables, sino que hay que centrarse en aquéllos que cuentan con algún tipo de enfoque o nexo; delitos que se agrupen o se vinculen según características comunes. Si podemos identificar y enfocarnos en estos nexos, de manera efectiva, podremos reducir en gran parte la delincuencia que enfrentamos.

El éxito definitivo en la acción policial se dará cuando ya no existan más nexos, cuando cada delito sea aleatorio, impredecible, o no tenga relación con otros delitos.

Hasta ese día, tendremos nuestra lista de “quehaceres”, compuesta de los varios nexos, que existen en cuatro categorías: personas, lugares, patrones y problemas. Cada uno es abordado por un tipo diferente de análisis delictual y un mecanismo de respuesta distinto.

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